Diversidad de formatos frente al desperdicio alimentario
Sostenibilidad

Diversidad de formatos frente al desperdicio alimentario

Cuando hablamos de desperdiciar menos, es muy fácil centrarnos en acciones como aprovechar las sobras, vigilar las fechas o buscar una receta de aprovechamiento para aquello que lleva varios días esperando en la nevera.

Pero en Peris llevamos tiempo pensando que esto puede empezar un poco antes: en la decisión de compra y para eso hace falta libertad.

Una familia de seis personas, una pareja y alguien que vive solo no necesitan comprar la misma cantidad. Tampoco consumimos igual cuando tenemos invitados en casa que cuando buscamos fruta para llevar al trabajo o queremos preparar una guarnición para la cena de ese día.

Parece bastante evidente y, sin embargo, detrás de algo tan cotidiano hay una cuestión interesante para quienes trabajamos produciendo y comercializando alimentos: si las necesidades de los consumidores son diferentes, la oferta también debería ser capaz de adaptarse a ellas.

Y ahí, en esa posibilidad de elegir, en esa libertad, también hay una forma de contribuir a reducir el desperdicio alimentario.

Entera, media, en cuartos o troceada

El melón y la sandía son dos buenos ejemplos. En Peris trabajamos ambos productos en distintos formatos, desde la pieza entera hasta mitades, cuartos y fruta troceada, buscando responder a diferentes necesidades y momentos de consumo.

Porque el formato adecuado no debería venir determinado únicamente por lo que decidamos quienes producimos o comercializamos el producto. Es el que se ajusta mejor a la cantidad que realmente necesita el consumidor.

Por ejemplo, si tenemos ocho personas a comer en casa, probablemente una sandía entera sea una elección mucho más lógica que varias tarrinas individuales. Si vivimos solos y queremos sandía para la merienda de esa tarde, sucede justo lo contrario. Y entre ambos extremos caben una pareja que prefiere llevarse un cuarto, una familia pequeña a la que le encaja mejor media pieza o alguien que le viene muy bien llevarse fruta lista para consumir a la oficina.

La misma reflexión puede hacerse con la calabaza, un producto que conocemos muy bien en Peris. Una pieza entera puede ser perfecta para una familia, para cocinar varias elaboraciones o para una receta que requiere una cantidad importante. En otras ocasiones, lo que necesitamos es una cantidad mucho menor, de ahí el formato de media calabaza o, directamente, poder disponer de la calabaza pelada y troceada cuando necesitamos rapidez en la elaboración.

Poder elegir también importa

Los hogares han cambiado y nuestras formas de consumir también. Hay familias grandes y pequeñas, personas que viven solas, parejas, pisos compartidos, mayores, jóvenes que pasan buena parte del día fuera de casa y hogares en los que una misma semana puede haber necesidades completamente diferentes.

Pretender que todos compremos igual tendría poco sentido.

Por eso, cuando desde Peris trabajamos simultáneamente la I y la IV gama, no entendemos una como sustituta de la otra. Son respuestas diferentes para necesidades diferentes. El producto entero sigue teniendo todo el sentido del mundo y el producto preparado también lo tiene cuando encaja mejor en una determinada ocasión de consumo.

En el fondo, estamos hablando de algo tan sencillo como poder elegir.

Y esta cuestión tiene también una lectura importante para la distribución. Sabemos que el espacio disponible en los lineales es limitado, que cada referencia debe justificar su presencia y que un surtido eficiente no consiste en acumular formatos. El reto está precisamente en encontrar el equilibrio.

Un surtido inteligente debería combinar rotación y rentabilidad con una lectura cada vez más precisa de cómo vive y consume la sociedad a la que se dirige.

La innovación tampoco debería consistir únicamente en decirle al consumidor qué tiene que querer. Muchas veces empieza justo al contrario: escuchando cómo consume y ofreciéndole aquello que necesita.

El aprovechamiento empieza mucho antes

La lucha contra el desperdicio no termina, naturalmente, en los formatos que llegan al lineal. También nos obliga a mirar hacia dentro y preguntarnos cómo podemos aprovechar mejor cada materia prima que pasa por nuestras instalaciones.

La IV gama abre posibilidades interesantes en este sentido. Determinadas piezas que, por cuestiones estéticas, pueden no ajustarse a los criterios establecidos para su comercialización como producto entero pueden mantener intactas las cualidades que buscamos en su interior y encontrar una salida en formatos troceados. En Peris trabajamos además en la mejora continua de los procesos para aprovechar al máximo la materia prima y reducir las mermas que se generan durante su transformación. Y no solo eso, también investigamos nuevas vías para prolongar la vida útil del producto.

Lo interesante es que todavía podemos avanzar un paso más: preguntarnos qué hacemos con aquello que inevitablemente queda fuera del producto final.

Por eso colaboramos con universidades, institutos tecnológicos, entidades de investigación y otras empresas en proyectos orientados al aprovechamiento y la valorización de subproductos.

Uno de los ejemplos más recientes lo encontramos en la piña. Su corazón, que queda fuera de las tarrinas de fruta preparada, se ha convertido en materia prima para obtener bromelina de alta calidad, dando un nuevo valor a una parte del fruto que ya no podía continuar su recorrido como fruta fresca.

La cantidad adecuada también cuenta

Reducir el desperdicio alimentario es un reto enorme y sería ingenuo pensar que existe una única solución. Intervienen la producción, la industria, la distribución, la restauración y, naturalmente, las decisiones que tomamos como consumidores.

Pero algunas de esas decisiones pueden ser sorprendentemente sencillas.

Una sandía entera. Media. Un cuarto. Una tarrina lista para consumir. Una calabaza completa o la cantidad necesaria para preparar la cena.

Para nosotros, el reto como empresa de I y IV gama está en conocer el producto, entender cómo están cambiando las necesidades y ser capaces de ofrecer alternativas que tengan sentido, también trabajando junto a la distribución para construir surtidos que respondan a la realidad de sus clientes.

Cuanta más libertad tengamos de ajustar lo que compramos a lo que realmente necesitamos, más fácil será aprovecharlo.

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