Hay frutas que nunca han tenido un problema de percepción. Gustan, tienen una imagen positiva y el consumidor las relaciona rápidamente con frescura, calidad y alimentación saludable.
La granada es una de ellas.
Es vistosa, versátil, aporta color, textura y encaja perfectamente en tendencias de consumo cada vez más consolidadas. El problema nunca ha sido el producto. El problema, muchas veces, ha sido todo lo que viene antes de comérsela.
Abrirla, desgranar, mancharse las manos o invertir tiempo en prepararla son pequeñas barreras que, aunque parezcan menores, terminan influyendo mucho más de lo que pensamos en la decisión de compra y en la frecuencia de consumo.
Y ahí es donde la IV gama cambia completamente la ecuación.
La conveniencia también forma parte de la calidad
Durante años, cuando hablábamos de calidad en fruta, casi toda la conversación giraba alrededor del sabor, la frescura, el origen o el aspecto visual.
Hoy el consumidor sigue valorando todo eso, pero hay otro factor que pesa cada vez más: la facilidad de consumo.
Que un producto sea bueno no siempre es suficiente. También tiene que encajar en el ritmo de vida actual. En el caso de la granada, esto resulta especialmente evidente. Cuando el producto se presenta listo para consumir, limpio y preparado, deja de ser una fruta asociada a un momento puntual y empieza a formar parte del día a día. Y eso abre nuevos momentos de consumo.
Desayunos, ensaladas, snacks, acompañamientos o recetas rápidas donde antes, muy probablemente, la granada no entraba, simplemente porque prepararla requería demasiado tiempo.
Lo estamos viendo claramente en IV gama

En Peris llevamos tiempo observando una evolución muy positiva de la granada en IV gama.
Durante la campaña nacional, entre septiembre y enero, el crecimiento ya venía siendo sólido. En la última campaña, las ventas aumentaron un 37,8% en kilos comercializados respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que la facturación creció más de un 20%. Pero quizá lo más interesante está ocurriendo fuera de campaña nacional.
Entre febrero y mayo, coincidiendo con el periodo de importación, las ventas crecieron un 115% en kilos comercializados y la facturación lo hizo en un 81% respecto al mismo periodo del año anterior.
Más allá de los porcentajes, la lectura es clara: el consumidor quiere seguir encontrando este producto y continúa incorporándolo a su rutina cuando se presenta en un formato cómodo, práctico y listo para consumir. No obstante, conviene poner estos datos en contexto. La granada sigue siendo una referencia minoritaria dentro del conjunto de frutas de IV gama y está lejos de los volúmenes que alcanzan categorías como el melón, la sandía o la piña. Precisamente por eso resulta interesante su evolución: no estamos hablando de un producto de gran consumo, sino de una categoría con margen de crecimiento cuando se combinan calidad, conveniencia y una propuesta clara para el consumidor.
La IV gama amplía el recorrido de categorías con potencial
La granada es un ejemplo muy claro de algo que estamos viendo cada vez más en el sector: productos con buena percepción pueden crecer todavía mucho más cuando se eliminan barreras de consumo.
Y ahí la IV gama tiene una enorme capacidad de desarrollo.
No se trata únicamente de comodidad. Se trata de hacer que determinadas frutas estén presentes en más momentos del día, en más perfiles de consumidor y durante más meses del año.
En categorías como ésta, la conveniencia no sustituye a la calidad. La acompaña.
Porque el consumidor sigue exigiendo sabor, frescura, textura y seguridad alimentaria. Pero, además, quiere soluciones que encajen con su ritmo de vida.
Calidad, continuidad y comportamiento del producto

En Peris trabajamos la granada de IV gama teniendo en cuenta precisamente esa combinación entre calidad y facilidad de consumo.
Desde la selección de materia prima hasta el procesado en sala blanca, el objetivo es mantener el comportamiento natural del producto, respetando textura, color y frescura para que llegue al consumidor con todas sus propiedades. Y eso exige un control especialmente preciso en un producto tan sensible como la granada, donde aspectos como la oxidación, la humedad o la conservación condicionan directamente la experiencia final.
Por eso, detrás de una tarrina lista para consumir hay mucho más que un formato práctico. Hay selección, proceso, control y conocimiento del producto.
Innovar también es quitar barreras
Muchas veces, cuando hablamos de innovación en alimentación, pensamos automáticamente en nuevos productos o tecnologías complejas. Pero, desde nuestro punto de vista, innovar también consiste en algo mucho más sencillo: conseguir que una buena fruta se consuma más y mejor. Y la evolución de la granada en IV gama demuestra precisamente eso.


